miércoles, 12 de noviembre de 2008

El cirio


¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me muero, Señor, y por tu mano el dolor me devora. Pero sé que no tienes la culpa y que mi dedo acusador te señala infantil.


Señor, quiero pensar que me estás probando y que esto no es una broma. Algunos dicen que tus palabras alivian y otros creen que tu presencia es un bálsamo. Y yo te busco, Señor, suplico tu consuelo, y trato de escuchar si tu voz suena en mi alma, si algo resuena en mi corazón. Pero sólo noto cómo sonríes paciente y callas, aguardando un momento que aún desconozco.


¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me apago, Señor y por tu mano el amor me destroza.

Pero sé que no serías capaz de castigar a tus hijos y que mis ojos evitan mirarte.


Señor, he vivido siempre al margen de ti y creyendo oírte. A veces un aleteo me sacude y recuerdo que existes. Aunque todo siempre, siempre al margen... siempre distante. Te sigo buscando, Señor y en ocasiones me parece alcanzarte. Pero hoy sólo te pido que me enjugues las lágrimas y me salves del mundo. Hoy sólo te pido que te lleves la esperanza y el amar.


Apágame un poco, Señor, pues una llama profana me derrite como a la cera de tus cirios.

2 comentarios:

Eduardo Amado y Brea dijo...

Atormentador, ciertamente. Me ha dejado con ganas de hechar un par de rosarios e ir mañana a misa de ocho... como siempre se dice "mejor prevenir que curar".

Marqués de Leguineche dijo...

Oh santa, Oh pia,
Oh dulce Virgo Maria!
que espiritual... me hace reflexionar sobre ese sentimiento tan propio y unico de la religion cristiana; la culpa.