
¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me muero, Señor, y por tu mano el dolor me devora. Pero sé que no tienes la culpa y que mi dedo acusador te señala infantil.
Señor, quiero pensar que me estás probando y que esto no es una broma. Algunos dicen que tus palabras alivian y otros creen que tu presencia es un bálsamo. Y yo te busco, Señor, suplico tu consuelo, y trato de escuchar si tu voz suena en mi alma, si algo resuena en mi corazón. Pero sólo noto cómo sonríes paciente y callas, aguardando un momento que aún desconozco.
¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me apago, Señor y por tu mano el amor me destroza.
Pero sé que no serías capaz de castigar a tus hijos y que mis ojos evitan mirarte.
Señor, he vivido siempre al margen de ti y creyendo oírte. A veces un aleteo me sacude y recuerdo que existes. Aunque todo siempre, siempre al margen... siempre distante. Te sigo buscando, Señor y en ocasiones me parece alcanzarte. Pero hoy sólo te pido que me enjugues las lágrimas y me salves del mundo. Hoy sólo te pido que te lleves la esperanza y el amar.
Apágame un poco, Señor, pues una llama profana me derrite como a la cera de tus cirios.
2 comentarios:
Atormentador, ciertamente. Me ha dejado con ganas de hechar un par de rosarios e ir mañana a misa de ocho... como siempre se dice "mejor prevenir que curar".
Oh santa, Oh pia,
Oh dulce Virgo Maria!
que espiritual... me hace reflexionar sobre ese sentimiento tan propio y unico de la religion cristiana; la culpa.
Publicar un comentario