viernes, 14 de noviembre de 2008

Carta a Edward: La luna



Mi querido Edward:

La luna se ha desplomado esta noche. Ya no hay estrellas ni firmamento. Ni siquiera hay oscuridad. No hay nada, pues ahora sé que su corazón no me ama...
Un poco de música... sí, algo de Tchaikovsky me acompañará esta noche. Los violines se llevarán todo el dolor con su música efímera y su mística perpetuidad. Queda un poco de oporto... ¿Te quedas? Quédate, Edward, beberemos vinos dulces y hablaremos del desamor. Mi vida sin mis amigos es un purgatorio. Quédate, Edward, y cantaremos romanzas y soñaremos despiertos. Vendrán Ludwig y Bri, y se vestirá el palacio de colores nuevos. Quédate, Edward, o moriré con la Aurora. Ayúdame a olvidarme de sus ojos eternos, de su rostro vedado y sus voces de incienso.

La luna se ha desplomado esta noche y tras ella cae, pesado, negro terciopelo. Y aunque no está, su presencia me perturba y me corrompe, un recuerdo denso que me ahoga y un susurro que grita:"¡Ámame!". Pero nadie responde. No hay palabras para mí.

La luna se ha desplomado esta noche, y con ella, yo desfallezco en un diván para dos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Carta a Ludwig: Insoportable


Mi querido Ludwig:


Hoy he muerto tres veces. Ahora sé que morir es cuando el alma se rompe en cristales. Apenas puedo hablar, sólo sollozo. Y el cielo, limpio y precioso, parece reírse de mi, jugueteando con las frágiles nubes, allá, al otro lado de la ventana. Hoy todo es hermoso afuera pero, dentro de mi, el corazón se desploma y yo me deshago en un polvo oscuro y angustioso. No lo soporto... No lo soporto. Ahora que mi alma se pudre, vomitada a cada lágrima, siento que el vacío se apodera de mi cuerpo.

Ludwig, tu eres uno de mis grandes amigos, y aún llevas contigo unas nubes de mi esencia, como condensadas en un perfumero oriental. Devuélvemelas, por favor, te lo suplico. Ayúdame a recuperar mi alma ahora que el amor se la ha llevado.

Sin embargo, Ludwig, ¿hasta qué punto podemos amar? No dejo de sentirme atrapado en una gesta, una trágica epopeya en la que debo morir por una voz que no conozco y una belleza inalcanzable. Pero yo no soy un héroe de leyenda y no sé luchar. Ni siquiera ha posado sobre mí los ojos, y aún así, me ahogo en la inmensidad de su mirada...

Necesito dormir... perderme entre las sábanas y soñar sin sueños hasta que su rostro se haya marchitado, hasta que la vejez le haya ajado las manos y blanqueado los cabellos. Necesito dormir porque no lo soporto... No lo soporto.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El cirio


¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me muero, Señor, y por tu mano el dolor me devora. Pero sé que no tienes la culpa y que mi dedo acusador te señala infantil.


Señor, quiero pensar que me estás probando y que esto no es una broma. Algunos dicen que tus palabras alivian y otros creen que tu presencia es un bálsamo. Y yo te busco, Señor, suplico tu consuelo, y trato de escuchar si tu voz suena en mi alma, si algo resuena en mi corazón. Pero sólo noto cómo sonríes paciente y callas, aguardando un momento que aún desconozco.


¿Por qué, Señor, por qué te burlas de mi? Me apago, Señor y por tu mano el amor me destroza.

Pero sé que no serías capaz de castigar a tus hijos y que mis ojos evitan mirarte.


Señor, he vivido siempre al margen de ti y creyendo oírte. A veces un aleteo me sacude y recuerdo que existes. Aunque todo siempre, siempre al margen... siempre distante. Te sigo buscando, Señor y en ocasiones me parece alcanzarte. Pero hoy sólo te pido que me enjugues las lágrimas y me salves del mundo. Hoy sólo te pido que te lleves la esperanza y el amar.


Apágame un poco, Señor, pues una llama profana me derrite como a la cera de tus cirios.

martes, 11 de noviembre de 2008

Mesa para uno


Mi mirada se enreda con los motivos amables que en el mantel se dibujan y entonces todo se me antoja un poco más bello. Es en esos momentos cuando me contento con pensar que la ausencia se suple con cremosas mermeladas y tardes de lectura y pastel. El olor de la canela juguetea con el aire y empolva mi tristeza de apetitosos colores.

Sentado a mi mesa, el butacón de los nostálgicos parece más cómodo y sus damascos, más suaves.

Mi mente se tiñe del sabor de las frambuesas y quiero creer que la tarde me arropa, mimosa y cómplice. Pero la felicidad no sabe a confitura...

Lo dice un pánfilo que aún cree que la soledad se lleva el triste perfume de un domingo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Pensar en ti


Y pensar en ti es como una llovizna mustia y pegajosa que me asfixia, que me ahoga...

No puedo evitar disolverme en el agua que sollozas ni tratar de imaginarte más añil.

Me desvanezco y a veces no recuerdo que mi amor solía dormir cuando la primavera se iba y las poesías canturreaban entre las violetas. Ahora siempre estoy despierto y el jardín se marchita poco a poco. Sólo quedan las cenizas blancas de los últimos pétalos. Lejos, se adivina una canción infantil y una risa sin dueño.
Y pensar en ti es como morir por partes.

Un silencio espeso y gris anuncia que se acabó...

martes, 4 de noviembre de 2008

Ma petite soirée


Si cierro los ojos, en la penumbra de mis párpados a veces se dibuja el color de la tarde, y es cuando de mis recuerdos surten perfumes conocidos. Es una fragancia dulce, de azúcar, de amor, de plúmbea tristeza. Sus vapores vespertinos me acunan y velan. Su canción me envuelve, meliflua y espesa."Arrorro mi niño en su cama de estrellas".

Un perfume nuevo ahora tararea, un aroma suave y evocador: la esencia del té. Cálido y brillante, en su taza obsoleta se refleja un rostro que, lento, se va. En mi pequeña tarde, la tetera solloza al sentirse muerta. Huecos, vacíos, ausentes lloramos, poemas de estío y memorias de ocaso.

Las luces se diluyen, se vuelven difusas y se desvanecen. Etéreas, cansadas, son flores nubosas que desaparecen. Es un palacio oscuro y ceniciento, donde el viento se lamenta de los aires perdidos, donde mi vida me desborda y las estatuas se enamoran. Pétreas e inertes, bobaliconas, duermen encandiladas de un tiempo que ya fue.

Y yo... yo escribo tu nombre sin quererlo.