
Mi mirada se enreda con los motivos amables que en el mantel se dibujan y entonces todo se me antoja un poco más bello. Es en esos momentos cuando me contento con pensar que la ausencia se suple con cremosas mermeladas y tardes de lectura y pastel. El olor de la canela juguetea con el aire y empolva mi tristeza de apetitosos colores.
Sentado a mi mesa, el butacón de los nostálgicos parece más cómodo y sus damascos, más suaves.
Mi mente se tiñe del sabor de las frambuesas y quiero creer que la tarde me arropa, mimosa y cómplice. Pero la felicidad no sabe a confitura...
Lo dice un pánfilo que aún cree que la soledad se lleva el triste perfume de un domingo.
2 comentarios:
A este si que no tengo nada que decir... delicious...
Oye, el lunes llevarás el pic-nic?
Un besín
Además de tu excelente pluma (en ambos sentidos), me encanta los cuadros que seleccionas para cada artículo, van como anillo al dedo.
En cuanto a este artículo en especial, he de admitir que me ha despertado el apetito: cremas, canelas, fresas... Sin embargo, consigues que el olor que finalmente me evoca sea el almizcle.
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