-Y es como si todo se escapara en la tarde. Es cuando creo que estoy verdaderamente enamorado, pero es absurdo.
-¿Por qué?
-Porque no hay a quien amar.
-Pero hay amor.
-Lo hay. Es como si fuera música. No hay nadie. Únicamente me desbordo. Y el horizonte se ahoga en el cielo.
-Hoy el mar coquetea con nosotros. Las espumas se rizan al vernos pasar.
-Sí.
-En algún momento te darás cuenta de que estás hablando sólo.
-¿No estás aquí?
-Hoy sólo soy el deseo que guardas.
-Dime, ¿no estás?
-No hay nadie. Tú lo dijiste. Murmuras lo que en mi boca te gustaría susurrar.
-Déjame creer. ¿Sabes? Dicen que en Rusia un hombre delira cuando compone. Sus obras derrumban los teatros. Vayamos a ver si es verdad.
Y ya no estaba.
domingo, 15 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
5 comentarios:
Perfecto!!!!!
Las tres primeras intervenciones son un resumen extraordinario de una de las sensaciones más extrañas pero más comunes para mi... Se supone que en mi agenda también aparecen numerosas referencias de ese tipo, pero no se expresan tan bien en sudaméricano.
Puedes seguir con ese tema? Escríbeme algo en esa línea por favor.
Hablaremos en el recreo con nuestro café y nuestro zumito (por cierto, invitas tú =D)
besinos
me ha gustado! me ha gustado! no entiendo el contexto, pero es extremadamente sujerente! me ha gustado!!!
Interesante, interesante... hay amor pero no a quien amar. ¡Es genial! Una gran verdad expuesta de forma sencilla. Me encanta como escribes, chapeau.
"sus obras derrumban los teatros" También me gusta eso, ¿leíste esa obra de Lorca de teatro bajo la arena? Si no, te la puedo mandar por mail.
Pues me gustaría si es posible!
Muy bueno si señor. Reconozco que he vuelto al principio unas tres o cuatro veces mientras leía; eso es buena señal, capta mi atención, que quiere ver como todos los eslavones tienen lógica.
Y la tienen!
Publicar un comentario