Dos hombres se han sentado a mi lado. Huelen a tabaco. Hablan mucho y muy alto. Me molestan. No me gusta que la gente hable tanto y tan alto. Sí. Hablan muy alto. Especialmente el que se sienta más cerca de mi. El otro tiene la voz más suave. Me molesta menos.
No sé en qué idioma hablan. No es inglés ni francés. Tampoco parece alemán. Y no, no es francés. ¿Ruso? No me suena a ruso. Quizás sea húngaro. Aunque, pensándolo bien, puede que sea alemán. No. No creo. Pero igual sí es alemán. No suena como el alemán, pero podría serlo. A lo mejor son bávaros. Sí. Puede ser que tengan mucho acento bávaro y por eso no lo reconozca. No. Imposible. Lo notaría si fueran bávaros. ¿Serán polacos? Lo dudo. Ahora que lo pienso, alguien me contó una vez que en Rumania había una comunidad de alemanes. Al parecer, mantienen su lengua. Igual vienen de allí. Su acento es raro. ¿Y si no es alemán? Juraría que es alemán.
Es raro. Me da la sensación de que les entiendo. De hecho, les estoy entendiendo. Pero se supone que yo no sé alemán. ¿Hablarán en inglés? ¡Ah! No. No hablan ni en alemán ni en inglés. Están hablando en castellano. Casi me olvido de que estoy medio sordo.
viernes, 6 de marzo de 2009
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2 comentarios:
Que texto más agobiante Pablo... Has hecho algo más de poesía??? En cuanto vuelva nos ponemos con el Romance del prisionero de la química =D
Un besazooooo
Si, es desquiciante... con un final "a la Bayones", aunque versión light.
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